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Is This Your Last Day? (Spanish)

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  • Format: Folded Tract
  • Paper: Gloss Text
  • Size: 3.5 inches x 5.5 inches
  • Pages: 4
  • Version: LBLA

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The full text of this tract is shown below in the LBLA version. (Do you want to print this tract in a different version than the one listed? Contact us and let us know what you're looking for—we may be able to create the alternate version for you at no charge.)

El día de tu muerte, ¿crees que despertarás sabiendo que es tu último día? No importa cuánto nos esforcemos tratando de alargar nuestra vida con una rutina de ejercicio, una dieta nutritiva, y el mejor cuidado médico, nuestro “último día” todavía vendrá; y a menudo llega sin previo aviso. ¿Cuántas personas, minutos antes de un accidente fatal, pueden siquiera imaginar lo que los momentos siguientes contendrán? Y aquellos que miran a la muerte a la cara, durante un segundo o dos antes de que ésta llegue, ¿cuántos de ellos crees que tienen tiempo de dirigir sus pensamientos hacia Dios en busca de salvación?

La mayoría de las veces, la tragedia llega inesperadamente, sin advertencia. Llega como un golpe que acaba bruscamente con el placer y la comodidad, y destruye el curso normal de la vida. “Porque el hombre tampoco conoce su tiempo: como peces atrapados en la red traicionera, y como aves apresadas en la trampa, así son atrapados los hijos de los hombres en el tiempo malo cuando éste cae de repente sobre ellos” (Eclesiastés 9:12). La tragedia “viene de repente, en un instante” (Isaías 30:13).

Cuando llegue ese día para ti, ¿estarás listo para la eternidad? Dios, en Su misericordia, no nos ha dejado sin advertencia acerca de nuestro destino eterno: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él” (Juan 3:36).

Él ruega a los pecadores que se vuelvan a Él para salvación: “Tan cierto como que yo vivo —afirma el Señor omnipotente—, que no me alegro con la muerte del malvado, sino con que se convierta de su mala conducta y viva. ¡Conviértete, pueblo de Israel; conviértete de tu conducta perversa! ¿Por qué habrás de morir?” (Ezequiel 33:11 NVI). “Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón” (Hebreos 4:7 NVI). “De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan” (Lucas 13:3 NVI).

Sólo se vive el presente. El pasado se ha ido, y el futuro es desconocido, lo cual hace del presente el único tiempo que puedes estar seguro de tener. Si algún día vas a volverte a Dios, y a abandonar tu pecado, no será mañana, pues el mañana nunca llegará. ¡El presente es el único tiempo que tienes! “No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué traerá el día” (Proverbios 27:1). “He aquí, ahora es EL TIEMPO PROPICIO; he aquí, ahora es EL DÍA DE SALVACIÓN” (2 Corintios 6:2).

¿Puedes imaginar que algún día te despertarás y dirás: “Hoy es el día en que moriré, es hora de arreglar las cosas con Dios”? No, te levantas cada mañana y llevas a cabo tus actividades normales, sin considerar el final de la vida. Es algo peligroso, el posponer el asunto de tu responsabilidad por tus pecados. Hay un “tiempo de nacer, y tiempo de morir” (Eclesiastés 3:2). “Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio, así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez” (Hebreos 9:27-28). ¡Algún día tendrás que comparecer delante de Dios!

Dios pacientemente te ha dado tiempo, pero te está llamando para que reconozcas tu necesidad de perdón y te vuelvas a Él ahora. “El Señor… es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). ¿Lo harás esperar?

Querido lector, este podría ser el último día que tienes para aceptar la amorosa oferta gratuita de perdón y de salvación. Clama a Jesucristo quien murió por ti y resucitó. Confía en Él para la salvación de tu alma. ¡Hazlo ahora, antes de que sea tarde! “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. El que cree en Él no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:16-18). —Ron Melick

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