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  • Format: Folded Tract
  • Paper: Gloss Text
  • Size: 3.5 inches x 5.5 inches
  • Pages: 4
  • Version: LBLA

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The full text of this tract is shown below in the LBLA version. (Do you want to print this tract in a different version than the one listed? Contact us and let us know what you're looking for—we may be able to create the alternate version for you at no charge.)

Por favor considera esto como un llamamiento personal. Algún día tendrás que rendir cuentas a Dios. ¿Estás listo? En comparación con esta pregunta, todas las demás se vuelven absolutamente insignificantes; ante ella, todos los demás problemas se desvanecen. Puede que seas exitoso en los negocios, brillante en tu profesión, y que tengas salud física y mental; puede que seas alguien religioso y que seas respetado por tus amigos, pero, “¿Qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma?” (Mateo 16:26). Esta es la solemne pregunta sin respuesta de las Escrituras.

Para estar listo para encontrarse con Dios se necesita un nuevo nacimiento. ¿Has nacido de nuevo? Esto va más allá del éxito, más allá de la salud, más allá de la religión y más allá del respeto. Es posible que todas estas cosas estén presentes, y el nuevo nacimiento tan esencial esté ausente. “En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Esta declaración es inequívoca. No puede ser evadida. Fue pronunciada por el Señor Jesucristo. La necesidad del nuevo nacimiento surge del hecho de que, desde que nacemos en este mundo, todos heredamos la naturaleza pecaminosa de nuestros antepasados; todos somos pecadores. Esto, como resultado, impide el compañerismo con Dios. El pecado es contrario a la naturaleza de Dios. Él odia el pecado. Habacuc dice de Él: “Muy limpios son tus ojos para mirar el mal, y no puedes contemplar la opresión” (Habacuc 1:13).

Aunque Dios odia el pecado, Él ama al pecador, ya sea que ande por el lado limpio del camino, o por el lado sucio. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). El juicio de Dios contra el pecado cayó sobre Cristo en la Cruz, y hay limpieza y perdón para todos los que creen en Él. “Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre” (Juan 1:12). Así, por medio de un nuevo nacimiento, cuando recibo a Cristo, creyendo que Él murió por mis pecados, soy nacido de nuevo en la familia de Dios, y cuando me pregunten: “¿Estás listo?”, puedo responder con alegría y seguridad: “¡Sí!”.

¿Has experimentado este cambio? ¿Has experimentado este nuevo nacimiento? ¿Has aceptado al Señor Jesucristo como tu Salvador y Señor? No dejes que estas preguntas personales te molesten. Si te estuviera hablando de un camino hacia la riqueza y la fama, sin duda considerarías mis propuestas, aunque fueran difíciles de creer. Puede que este nuevo nacimiento te parezca algo difícil de creer. Sin embargo, hay decenas de miles de personas para quienes es una realidad en su corazón y en su vida.  Por lo tanto, no te niegues a enfrentar el problema, porque te parece algo difícil de creer. Pon el asunto a prueba. Hazlo ahora. Los términos son sencillos: “Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre” (Juan 1:12). ¿Recibirás al Cristo vivo de Dios, quien murió, resucitó, y ahora ofrece salvación a todo el que cree en Él? ¿Confiarás en Él ahora como tu Salvador personal? Adoptar alguna creencia, identificarse con alguna secta, o convertirse en una persona religiosa, no es lo que te salva. Es la aceptación de una persona: el Hijo de Dios. Tu aceptación o rechazo de Él contesta la solemne pregunta: “¿Estás listo?”.

Por lo tanto, el asunto es muy claro, y la cuestión muy importante. Jesucristo es la prueba. En ningún otro hay salvación, en ninguna iglesia, creencia o religión: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12). “De éste dan testimonio todos los profetas, de que por su nombre, todo el que cree en El recibe el perdón de los pecados” (Hechos 10:43). Por lo tanto, cree en Él y sé salvo. ¡Algún día enfrentarás a Dios! ¿Estás listo? –L.W.G.A.

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