Why Did Jesus Die (Spanish, RVR-1960)
Special-Order Folded Tract
NOTE: This item is custom-printed to order (click for more details).
This tract is from our print-on-demand library, and is not kept in stock. Select the options below, and we will custom-print a batch just for you. Because this item is custom-printed, you can add your custom imprint to the back page at no extra cost.
- Estimated shipping date: Thursday, June 18 (Click for more details)
- SKU:
- Discounts: Discount coupons do not apply to this item
- Format: Folded Tract
- Size: 3.5 inches x 5.5 inches
- Pages: 4
- Imprinting: Available with 5 lines of custom text
- Version: RVR-1960
- Returns: Because this item is custom-printed to order, it cannot be returned.
Show all item details
The full text of this tract is shown below in the RVR-1960 version. (Do you want to print this tract in a different version than the one listed? Contact us and let us know what you're looking for—we may be able to create the alternate version for you at no charge.)
La brillante luz del día fue reemplazada por una profunda oscuridad. La tierra tembló con violencia, partiendo las rocas y abriendo los sepulcros. Jesucristo, el Hijo de Dios, murió.
El impacto de aquel día hace 2,000 años lo cambió todo y aún tiene el poder de cambiar tu vida hoy. Descubramos por qué murió Jesucristo, cómo venció la muerte y cómo podemos encontrar la vida verdadera en Él.
¿POR QUÉ MORIMOS NOSOTROS?
No importa cuánto lo intentemos, nosotros no podemos “vencer” a la muerte. En algún momento, todos tendremos que despedirnos de este mundo. En la Biblia aprendemos que la muerte entró en el mundo a causa del pecado: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre [Adán], y por el pecado la muerte” (Romanos 5:12). A menos que el problema de nuestro pecado sea resuelto, éste nos separará de Dios eternamente: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Pero ese no es el final de nuestra historia: ¡Aún hay esperanza!
¿POR QUÉ MURIÓ JESUCRISTO?
La respuesta es muy sencilla: ¡Por amor! El gran amor de Dios por ti hizo que Jesús descendiera de la gloria del Cielo, entrara en nuestro mundo de polvo y muerte, y muriera en una cruenta cruz de madera. Gracias a que Jesucristo era santo y no cometió pecado (1 Pedro 2:22), estaba especialmente calificado para convertirse en nuestro sustituto. Cuando entregó Su vida, la Biblia dice que Él “se dio a sí mismo por nuestros pecados” (Gálatas 1:4). ¡Jesucristo murió por ti!
Dios es santo y justo, y no puede permitir que el pecado quede impune. Por eso Jesucristo se convirtió en nuestro sustituto, cargando todo el peso del juicio de Dios y pagando el precio definitivo en la cruz. Pero la muerte de Jesucristo no es el capítulo final. Tres días después, resucitó de la tumba, ¡venciendo al pecado y a la muerte de una vez por todas!
Jesucristo ascendió de nuevo al Cielo y ahora Dios ofrece el perdón de pecados a cualquiera que se arrepienta y confíe en Jesucristo como su Salvador. Arrepentirse significa alejar nuestro corazón del pecado y acercarlo al único que nos puede perdonar. Esta es la única manera en que podemos tener vida eterna en la presencia de Dios. Jesucristo es “el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).
¿Te has dado cuenta de que fueron tus pecados los que hicieron que Jesucristo muriera en la cruz? ¿Eres consciente de tu necesidad de que Él sea tu Salvador? Estas son preguntas muy importantes que debes considerar, porque si no confías en Él ahora como tu Salvador, tendrás que enfrentarlo en la eternidad como tu Juez.
JESUCRISTO ES EL CAMINO HACIA LA VIDA
No importa cuán bueno o malo crees que eres, Dios te conoce y te ama. ¡Por eso envió a Jesucristo para liberarte del pecado y de la muerte! Cuando te arrepientes y pones tu confianza en Él puedes tener paz interior y estar en paz con Dios. El deseo de Dios es “reconciliar consigo todas las cosas”, por eso hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). El día de hoy, Dios te está invitando a entrar en una relación salvadora con Él. Acércate a Él, confesando que Jesucristo es el Hijo de Dios quien murió en tu lugar y resucitó para darte una vida nueva. ¡Él te escuchará!
“Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. Romanos 10:13